Tres son los tiempos que registra el mural del chocolate:
El prehispánico con la vera efigie del cacao, su preparación y la bebida en la jícara que exhala su completo y total aroma. Y donde se puede leer que el chocolate, regalo del Dios Quetzalcoatl, es un símbolo de cordialidad, amistad y amor.
El novo hispano en que toman el chocolate en una mesa ricamente engalanada, bellas damas y don Manuel Horta, en sendos guajes guarnecidos con soportes de plata. El rico sabor del chocolate lo convierte en bebida favorita de virreyes y manjar codiciado por reyes.
Para el tercer tiempo, el chocolate es transformado por los europeos en manjares delicados, labrados, rellenos, con superficies lustrosas y refulgentes aromas.
El glorioso descubrimiento del mole, y su invención, quedó inmortalizada en el mural que registra como sus personajes a las religiosas de Santa Clara en el ambiente conventual de la cocina de Santa Rosa descubriendo tan delicioso platillo.
La etapa novo hispana reminiscente se encuentra no solo en sus murales sino además en su lambrín de magníficos mosaicos poblanos, en sus puertas de madera labradas, en las pinturas de buena factura de “personajes coloniales” , la niña en traje rojo, el retrato del benemérito José de la Borda, la dama engalanada y la presencia gratamente serena de Sor Juana Inés del a Cruz en copia del famoso óleo de Miguel Cabrera.